29 de marzo de 2018


El Bien y el Mal
Una búsqueda teológica – psicológica, individual y colectiva


"Necesitamos más psicología, necesitamos más del entendimiento de la naturaleza humana porque el único peligro real que existe es el hombre en sí mismo, él es el gran peligro y nosotros no tenemos ni idea de ello, no sabemos nada sobre el hombre... su psique debería ser estudiada porque nosotros somos el origen del mal".
Carl Gustav Jung

"La sustancia dual de Cristo, el anhelo tan humano, tan sobrehumano, del hombre por alcanzar a Dios, ha sido un profundo e inescrutable misterio para mí. Mi principal angustia y la fuente de todas mis agonías y tristezas, desde mi juventud ha sido la incesante y despiadada batalla entre el espíritu y la carne... y mi alma es la arena donde esos dos ejércitos han chocado y se han reunido".
Nikos Kazantzakis

Durante tres años dediqué mis esfuerzos a leer, analizar y comprender el Génesis bíblico, un libro tan polémico como estudiado, especialmente en relación con las categorías que requería nuestra investigación. ¿Qué ha dicho y qué sigue diciendo este texto fundante sobre el Bien y el Mal?, ¿cómo se relacionan estas ideas con las nociones que tenemos de dichas categorías y con la relación que se establece –tanto ayer como hoy– entre Dios y el Hombre, en el Hombre consigo mismo y con los otros? Muchas miradas refuerzan la intuición de la inexistencia de una verdad absoluta, pues la complejidad de un libro como la Biblia y de temas tan espinosos como estos, posibilita un sinfín de interpretaciones. Aquí prima una lectura simbólica, pues todo lo que acontece en este texto no solo es una forma en la que el pueblo judío hablaba sobre estos temas a través de historias y analogías que permitieran comprender lo incomprensible, sino que también es una historia que sucede en cada uno de nosotros. Todos somos Adán y Eva, sujetos expulsados de la inconsciencia infantil del paraíso, dueños de la capacidad libre de elegir. Todos Caín y Abel, víctimas y victimarios que proyectamos en el otro aquello que nos resulta irreconciliable con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Todos Bené Elohim e Hijas de los Hombres, dueños de un cuerpo que transita la vida cargado de emociones y en búsqueda de una unión entre lo sagrado y lo humano. Todos Noé, presenciando siempre la catástrofe y la posibilidad de renacer luego de ella. Todos Babel, intentando obedecer a un régimen totalitario (el de la razón y el de los estados), creyendo que es un castigo aquello que es un regalo: la diversidad.


En el principio, cuando mi tierra psíquica aún estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían las calles detrás de mi ventana, comenzó mi espíritu a moverse sobre la faz de las aguas.  Del caos indiferenciado del inconsciente comenzaron a surgir límites, opuestos, categorías; y con estas, ideas, preguntas y reflexiones que trazaron los primeros caminos de mi vida. La violencia y el mal que observaba en el mundo se instauraron en mí como una pregunta, una que me ha atrapado durante noches de lecturas y reflexiones repetidas. Estudié psicología y de la mano del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, conocí el poder y la presencia viva de lo que él denominó la Sombra. También con él descubrí la fuerza y la importancia de lo sagrado, su cotidianidad y la influencia que las ideas religiosas tienen en las imágenes psíquicas y, por ende, en la conducta humana.
A partir de una serie de experiencias personales y de mis preguntas existenciales, decidí, posteriormente, estudiar teología, y de nuevo la pregunta por el bien y el mal se hizo presente en mi tesis de grado. De las ideas, cuestionamientos e intuiciones surgió el tema: Dios y Hombre narrados desde las categorías Bien y Mal en Génesis 1-11. Un diálogo teológico–psicológico. Un escenario (el Génesis bíblico), cinco pasajes llenos de signos y símbolos (Adán y Eva / Caín y Abel / Los Bené Elohim y las Hijas de los Hombres / Noé / Babel) y un camino que transita de lo individual a lo colectivo fue el mapa que guio esta conversación. Una comprensión renovada, o por lo menos completamente distinta a la escuchada en púlpitos y clases de religión, la consciencia de la libertad como el más maravilloso don dado por el Creador[1] a su creatura y la necesidad de sabernos finitos, limitados y participantes de algo más grande que nuestro ego, algunos de los grandes regalos que me dejó.

El Génesis se nos presentó como el mejor escenario ya que este da cuenta, en su relato, sobre los orígenes; y al ser un mito originario –sí, un mito– nos permite establecer el ontos como praxis y encontrar los remanentes conscientes e inconscientes que la moral judeo cristiana ha dejado en el Hombre –con mayúscula para referirnos a la humanidad y no al sexo– contemporáneo frente a las categorías Bien y Mal. En el diálogo con la psicología analítica encontramos que, de la misma manera que sucede en el relato bíblico, el desarrollo de la consciencia humana tiene un proceso y una evolución que va del caos acuoso del inconsciente, al establecimiento de una estructura denominada Yo (o Ego), y que éste, como Adán y su descendencia debe comprender los límites que le son naturales por el hecho de ser humano, como la dependencia, la muerte y la enfermedad, pues de no comprenderlos ni escuchar la voz integradora (de Dios en el Antiguo Testamento, del arquetipo del Sí-Mismo en términos psicodinámicos), se ve tentado a un estado conocido como hybris o inflación del ego donde el Hombre se considera ilimitado, omnipotente y omnisciente, lo que lo lleva a pasar por encima de lo que verdaderamente está destinado a ser y a usar su poder para abusar de la naturaleza, de los recursos y de los demás, transgrediendo o malinterpretando los preceptos bajo los que se construyen las categorías Bien y Mal.  

Adán y Eva. Doré.

El trayecto recorrido de Adán y Eva –entendidos no por separado sino como imagen del individuo humano– a Babel –la sociedad– nos permitió ver, a la par, un camino en el que el Hombre, psicológicamente hablando, reconoce, a través del lenguaje, de la Palabra por la que ha sido creado, que es un sujeto libre, individual y diferenciado pero limitado (Adán y Eva), para luego reconocer a otro, semejante y hermano pero diferente (Caín y Abel), hacer consciencia un cuerpo en el que las emociones cobran vida (los Bené Elohim y las Hijas de los Hombres), saber de su fragilidad frente a la catástrofe y la constante transformación (Noé), hasta entenderse como individuo psicológico, único y completo, con luces y sombras, parte de un colectivo donde no existe una «sola forma de», pues la pluralidad y la diversidad son las únicas características posibles de la vida humana (Babel). 

Caín y Abel. Doré.

Este camino bíblico siempre fue entendido y leído desde una perspectiva que abraza la coexistencia del Bien y el Mal, que prioriza la capacidad libre de elegir del Hombre entre ambas categorías y, sobre todo, desde una perspectiva simbólica que nos permite entender cómo Dios habla al corazón del Hombre.  Mientras veíamos cómo Adán/Eva se convertían en colectivo, aprendiendo a decidir, a escuchar y a reflexionar sobre el mal, hilábamos la exégesis con un principio fundamental de la psicología analítica, el proceso de individuación. Para Jung, este proceso de autoconocimiento no solo implica reconocer y abrazar los aspectos sombríos propios para dejar de proyectarlos en el afuera y en el otro, sino que también invita a recorrer un camino interior, en el que los pasos, tal como los que recorre la humanidad en Génesis 1-11, nos llevan al centro y a la profundidad, donde la voz de la divinidad sigue presente, dotando de sentido la existencia. 
El proceso de individuación nos permite integrar los límites y los opuestos, sabiendo escuchar para decidir, reconociendo la finitud que nos hace naturalmente humanos, distintos al Creador, pero hechos a su imagen y semejanza, con un carácter único y un sentido particular, pero a la vez pequeñas partes de un todo. Estas reflexiones nos llevan a entender que Dios no interviene en el mundo, tal como lo quisiéramos o esperábamos, porque su gran regalo es la libertad y que este don de uso cotidiano se constituye como una responsabilidad, como un signo que acompaña nuestro entendimiento, ya que Caín, «al igual que nosotros, debe vivir toda la vida a sabiendas de que ha dejado de ser inocente y debe controlar sus arrebatos a conciencia. [2]
El tránsito de Adán y Eva a Babel nos invita a reconocer la existencia de nuestra «consciencia» en la que se encuentra el hálito de finitud que nos hace humanos, pero donde también sigue habitando el espíritu de Dios que nos convoca a una realización más «humana», más equilibrada, donde el impulso inconsciente puede ser reflexionado ya que esta posibilidad representa una responsabilidad para nuestra especie. Y si, como se sugiere en el escenario de Babel, el amor es una posibilidad de reintegración y de aceptación de lo diverso, y desde las Sagradas Escrituras «Dios es amor», la teodicea nos pone en una última reflexión necesaria respecto a la integración del Bien y el Mal, ya que esta propuesta no corresponde a un ideal de perfección, sino que más bien invita a considerar estos opuestos desde una perspectiva del alma, es decir profunda, donde una actitud «amorosa» se nos presenta como posibilidad de la «completud»[3] en la que no solo somos lo que estamos llamados a ser, sino que además nos asumimos como humanos, es decir, finitos, limitados, complejos y llamados por una voz trascendente que sigue susurrando en nuestro corazón y nos conecta con lo sagrado en nosotros mismos, en el mundo y en los otros.


Diluvio. Doré.

Para la psicología analítica, «la bondad no reinará en el mundo cuando haya triunfado sobre el mal, sino cuando nuestro anhelo por el bien deje de estar basado en la derrota del mal. Mientras sigamos entregados a la búsqueda exclusiva de la santidad y no aceptemos humildemente nuestra condición imperfecta será imposible alcanzar la verdadera paz»[4] basada en el amor que integra. Pero debido a lo «inservibles» que se han vuelto los fundamentos morales de las instituciones que nos enseñan sobre el tema del Bien y el Mal, las decisiones humanas se convierten «en un acto creador subjetivo». Debemos pues exhortar al individuo –e incluso a nosotros mismos– a una propia decisión ética sin caer en ninguno de los opuestos: «debemos ser lo suficientemente libres como para evitar el bien y para hacer el mal si nuestra decisión ética lo requiere así», pues ese individuo, que a su vez se hace colectivo, suele «ignorar totalmente su propia capacidad de elección» y busca en el afuera, especialmente en las grandes instituciones morales una respuesta a su dicotomía, pero allí se repiten unas «viejas generalizaciones», en oposición a la experiencia personal, parafraseando a Jung.
Somos conscientes de la necesidad de la acción, de la transformación social y de las complejas y largas implicaciones que puede tener un tema tan espinoso como el Bien y el Mal; sin embargo, y siguiendo las enseñanzas del maestro suizo, solo en la medida en la que haya suficientes individuos dispuestos al cambio podremos cambiar como sociedad. Y «así las cosas, para responder al problema del mal en la actualidad es absolutamente necesario el autoconocimiento, es decir, el mayor conocimiento posible de la totalidad del individuo»[5] donde sigue habitando silenciosamente la voz de lo divino.

Cristina Hincapié. Psicóloga, Teóloga.  México.  2018


[1] En este texto, al igual que en la tesis, nos referimos siempre a Dios de manera masculina ya que así lo presenta el texto. Sin embargo, concuerdo con los movimientos feministas de la teología en cuanto se refiere a que “la sustancia o esencia de la Divinidad es imposible de “imaginar”, como advertía Tomás de Aquino; pero, si la esencia divina nos es inaccesible, la experiencia de Dios es posible desde el momento en que Dios mismo hace experiencia de nosotros siendo el Dios encarnado, como ser humano, no sólo como varón concreto”. Cf. Trinidad León Martín. Pensar y nombrar a Dios en perspectiva feminista. Contenido disponible en: http://blog.uca.edu.ni/meme/files/2011/03/pensar-y-nombrar-a-Dios-en-perspectiva-feminista.pdf. Así mismo, con autoras como la teóloga alemana Elisabeth Schüssler Fiorenza quien propone hablar de D**s para salir del kiriarcado planteado por la historia de la Iglesia.


[2] Kathleen Martin, edit., El libro de los símbolos. Reflexiones sobre las imágenes arquetípicas (Madrid: Editorial Taschen, 2010), Asesinato / Matanza, 750. 
[3] Para Jung, la idea o ideal de «perfección», puede caer fácilmente en juicios moralistas que en vez de aceptar e integrar los aspectos sombríos tiende a rechazarlos para luego ser proyectados en el afuera. En esta medida, el proceso de individuación no plantea una meta moral en el sentido ético de la palabra, sino que más bien invita a un reconocimiento de los aspectos luminosos y sombríos, así como de la consciencia y el inconsciente, pues para él, la psique es, principalmente, una totalidad. En la psicología analítica, la noción de totalidad o completud tiene tres significados que se encuentran relacionados entre sí: «la totalidad hace referencia al conjunto de los procesos psíquicos conscientes e inconscientes (…) En segundo lugar, para Jung la totalidad es el objetivo del proceso de individuación (…) la totalidad no es algo hecho o acabado, sino algo que debe hacerse y completarse (…) En tercer lugar, la totalidad abarca la relación del individuo con los semejantes, con la sociedad. El hombre carente de relación con los demás no tiene ni puede tener totalidad». Alarco Von Perfall, Diccionario de psicología de C. G. Jung, (Lima: Fondo editorial Universidad de San Martín de Porres, 2011),  330.   
[4] Bard Schmookler, «La toma de consciencia de nuestra escisión interna» en Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana, ed. Connie Zweig y Jeremiah Abrams (Barcelona: Editorial Kairós, 1992), 279 – 282.
[5] Carl Gustav Jung, «Problema del mal en la actualidad», en Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana, ed. Connie Zweig y Jeremiah Abrams (Barcelona: Editorial Kairós, 1992), 243 – 244.

7 de marzo de 2018

HOMBRES EN CONTACTO CREATIVO: ALEXANDER ROCHA SIERRA

Son invitados a conversar sobre creatividad, apasionados por un oficio, arte o disciplina.  Hombres con voces y obras para compartir con el mundo.  Hoy mi invitado es el psicólogo y escritor: Alexander.



"Para que sea decente la Obra tiene que pasar por ser digna, y digna no es una forma moralista o dogmática, sino que exalte la vida, y simultáneamente, se requiere apostar fuerte, es decir, ser osado tentando lo desconocido, danzando en lo desconocido"
Alexander Rocha.

Nadie como Alex me ha ayudado a entender el mundo desde los conceptos de la filosofía y la política; y a percibir en lo estético la variedad de subjetividades.

Alexander es psicólogo de formación, escritor y asesor estratégico en cargos directivos.   Su vida está rodeada, permeada, abarcada y exaltada por la creatividad desde su quehacer como terapeuta y asesor, hasta sus gustos y fascinaciones por la imagen y la escritura.

¿Qué significa para ti la creatividad y cómo está presente en tu vida?

-"De una manera muy concreta y no metafórica, la creatividad me permite seguir vivo y bajo condiciones de vida decentes y dignas; no teniendo que subordinarme ni laboralmente ni en los vínculos que tengo.  Eso quiere decir que está por fuera de la sobrevivencia o supervivencia porque precisamente, uno de los factores de la posibilidad de ser creativo, es la capacidad de visión, de ampliar el marco de percepción convencional. De ver e interpretar variadas alternativas y luego siendo osados (con riesgos que son calculados) apostar por tomar decisiones novedosas que amplían la vida, que fundan otros planos de realidad".

"La creatividad es un acto poético, y casi que se podría nombrar po-ético.  Una ética que abre posibilidades que fundan una nueva manera de habitar el mundo, más no como hábito, sino encarnando un presente que uno se ha ganado por derecho propio".

"Crear es la potestad de tomar decisiones a partir de criterios y los criterios sustentados en valores o principios que sí honran la vida, que no la menoscaban".


-"Entonces primero está la condición de estar vivo con conocimiento de causa, no estar en una lógica de sobrevivencia ni subordinado a terceros.  Eso también quiere decir, no morir por los ideales de otros, haber ganado una autoridad a partir de la cual se toman decisiones.  Hago énfasis en tomar decisiones porque crear no se reduce en hacer una obra de arte (aunque puede ser así), sino que crear es la potestad de tomar decisiones a partir de criterios y los criterios sustentados en valores o principios que sí honran la vida, que no la menoscaban".

 ¿Cómo describirías los elementos necesarios para crear, posees un método, estilo o forma particular para ejercer ese principio creador o no?.

-"Más que tecnicismos sí hay unas condiciones de posibilidad, una de ellas es el asombro y la curiosidad.  Otra de ellas es poder hacer combinaciones". 

"Una definición meridiana, no concluyente, es que crear es conectar campos de la experiencia o tender a asir, "capturar" lo que tiende a escaparse y darle una formalización.  Es como captar unas fuerzas que en principio no estaban destinadas a encontrarse, uno haría de puente, canal y artífice para configurarlas".

-"Otra condición, precisamente la que permite el asombro y  la visión para tener la sensibilidad, hacer esas combinaciones y configurarlas de una manera que estéticamente sean agradables o conmovedoras, pero que tengan un nivel de coherencia interna en cómo se componen, para que tengan grados de veracidad y en términos prácticos, también generar innovaciones, es curiosamente algo que suele estar en descredito o bastante manoseado y es que tiene que haber un enraizamiento en clave espiritual en la forma de asumir la vida, porque si no, la creación o el arte tenderá a ser un reflejar el inconsciente casi que desde la sombra o el enredo de los complejos.  No se trata de escenificar el síntoma o dar cuenta de la realidad fidedignamente porque la realidad ya suele ser asfixiante o tiende a ser homogeneizada".

Se suele asociar la actividad creativa con el sufrimiento, el dolor, la tortura.  ¿Cómo lo ves tú?.  ¿Crees que sí es necesario pasar por ahí?

-" Si hay un enraizamiento desde lo espiritual, que curiosamente permite un vuelo, es decir, ese conectarse con uno en clave de amor propio y autorizarse en primera persona y no autorizarse a partir de terceros, para poder ser autentico, permite que los talentos que uno tiene no sean simples talentos sino que se conecten con los dones que uno está destinado como misión y en clave de servicio  para ofrendar o compartir con otros y se expanda aquello para lo que uno está siendo de puente.  En ese ser puente, en ese momento que es un parir, ahí puede haber, tal como lo viven las mujeres, los dolores de parto, pero son más fuertes si uno no está conectado en esa clave de amor propio y autenticidad, si no es así, hay tormento.

"Si la creatividad la asociamos a la incertidumbre o a la inestabilidad, puede ser muy dolorosa, pero si hay una autenticidad conectada a los dones  en clave de amor, hay estabilidad a partir de la cual se percibe y se actúa con mucha menos zozobra, con mucha menos neurosis y por tanto el deseo tiene más ímpetu y puede atravesar más fácil las transformaciones subjetivas que puede requerir el sujeto o el alma hasta lograr parir algo".

Hay varios momentos que se toman de la alquimia:
Un primer momento en donde se hace un descenso como al hades o a la sombra para remover el fondo y encontrar materiales para renovar la vida, pero si uno no tiene referentes espirituales, o se puede perder o sufrir mucho o tener manifestaciones de locura, sino, es más fácil tener la claridad de que uno está conectado a esa fuente de vida, enraizado a una dimensión espiritual para poder traer de ese fondo unos tesoros que van  a trastocar los referentes fijos que se tenía y a partir de los cuales se crean otros referentes para formalizar una nueva realidad o un aspecto de la realidad.  Hay un  momento de la formalización, que es el momento del parto y de darle vida virtuosamente, no de cualquier forma sino con virtud".



¿Tienes alguna práctica artística o proyecto creativo además de tu vida laboral?.

-"Sí, con las imágenes.  Me dedico a componer imágenes y por tiempo, no siempre las formalizo sino que las compongo en el cerebro.  El título de un artículo es: el cerebro es la pantalla.

Las conexiones sinápticas asociando unas con otras me permite componer una tercera imagen. Eso me produce fascinación. Encontrar conexiones entre unas imágenes y otras y lo que pueden formar, o jugar a crear series de imágenes temáticamente a propósito de escenarios políticos, personajes, etc., generando perfiles y series sobre determinados asuntos.  Radiografiar ciertos temas para ubicar la síntesis o matriz de ellos".

¿Te consideras entonces un hombre creativo?

-"Sí. Como asesor estratégico sé radiografiar lo que está en juego para una persona, a partir de lo cual le es obligante tomar decisiones y creo mapas que ayudan a ese propósito de empezar a tomar decisiones en términos de dignidad, de asertividad y en la medida de lo posible, construcción con otros.

En la escritura, desde el principio creativo hay dos ejes que la constituyen: la hermenéutica y la heurística.
 
La hermenéutica es la posibilidad de conectar variables, factores y colocarlos a dialogar, ese dialogo es lo que va permitiendo que se teja la escritura; y la heurística son los hallazgos, la emergencia de cómo ese dialogo va mostrando maneras novedosas o aristas nuevas.  Ese es el presupuesto de base, y en términos de estilo, se trata de contar una historia hablando de sus orígenes, mostrar un nodo paradójico para mostrar el anverso y el reverso y al final más que concluir es generar inquietudes o preguntas abiertas para que quien está leyendo continúe construyendo ese texto en su propia vida.

Esta forma de escribir implica al otro, lo toca en su vida y ya decidirá, si le va a dar una dimensión ética o no, cómo seguirá construyendo eso que leyó".

¿Cómo se puede desarrollar el músculo creativo?

-"Ocio equivale a espacio para la creatividad y vacaciones viene de espacio o vacío, vacatio, más no como la nada o el abismo.  Entonces lo que uno debe hacer es intercalar momentos intensos de aplicarse sobre el material que se tenga con momentos de ocio  o de vacatio que son los momentos en donde aparentemente no pasa nada, pero donde las conexiones sinápticas se producen, pero no solo las del cerebro, pues hay neuronas en todo el cuerpo y por tanto se activa la sensibilidad en ese aparente ocio y esos son los momentos para que algo emerja en inspiración y en seguida uno debe volver disponerse a ir tejiendo y apuntalando hasta que se llegue a un punto de anudamiento".

Gracias a Alex por la pasión en el compartir tu universo creativo, por las claves de comprensión sobre la vida y sus desafíos para crear y crearse.


ÁNGELA PATRICIA RAMÍREZ C.


















18 de febrero de 2018

EL MOVIMIENTO EN LA PSICOTERAPIA

Rick Guest. Royal Ballet


La construcción y cruce de un puente entre la conciencia y lo inconsciente:

Son muchas las  aplicaciones del movimiento en la psicoterapia.  Existe un gran abanico de técnicas, métodos y modelos, según las diferentes concepciones teóricas y sobre todo, según los terapeutas y sus estilos.   Mi construcción se basa en un proceso muy íntimo al irme despojando de lo ajeno e ir acercándome a formas más genuinas de movimientos y de práctica clínica.  Ha sido una escucha prolongada de las voces de mi cuerpo y una exploración de los territorios de mi vida psíquica de la mano de la psicología analítica, junto con la observación de los pacientes y sus vivencias.

En el análisis Junguiano por ejemplo, se aplica el movimiento como una forma de imaginación activa, método desarrollado por Jung para establecer contacto con los contenidos del inconsciente mediante practicas expresivas como la escritura, poesía, el trabajo con  la arcilla, la escultura, el dibujo, la pintura o la danza; facilitando la activación de la función trascendente.[1]

De esta manera, el movimiento utilizado en psicoterapia no es sólo una vía catártica, es un Puente, un medio que permite relacionar, comunicar, los contenidos del inconsciente y la consciencia.

Un puente es un espacio para transitar, para ir de un extremo a otro, acercando los opuestos; comunica y permite la comunicación entre polaridades.  Esta es una labor continua en la psicoterapia.  Por este espacio y camino de enlace pueden transitar entonces, sueños, síntomas, fantasías, recuerdos, toda la gama de emociones, imágenes, conflictos e inspiración.  Estos contenidos van y vienen, es decir, emergen del inconsciente acercándose a la consciencia, se simbolizan en gesto, vibración, respiración, pero también la consciencia se acerca a los sustratos más profundos de la psique alimentándose de éstos para ampliarse, expandirse, generando nuevas actitudes ante la vida y en muchas ocasiones, creatividad puesta al servicio del alma propia y del mundo.  Es de alguna manera, como si a través del movimiento pudiéramos activar una memoria del eslabón existente entre lo tangible y lo intangible, entre lo imaginado y lo concreto.  Muchas personas parecen no necesitar de movimiento para ingresar en esos planos de unidad o para abrirse a su inconsciente, con la imaginación les basta o con otras técnicas expresivas; en mi caso, he encontrado en la labor con el movimiento un cauce apropiado para el constante fluir de la energía psíquica que se hace símbolo en el alma y vitalidad en el cuerpo físico.

Recuerdo por ejemplo una mujer que durante una sesión de trabajo me dijo:

 -"siempre pensé que era muy sedentaria, que no necesitaba sino de las ideas en mi mente para estar en el mundo, ahora con este movimiento (refiriéndose a una forma de "pararse" encontrada durante la terapia) siempre recuerdo que esas ideas son la misma energía circulando por mi cuerpo y la que me motiva a levantarme en las mañanas".


Moverse, danzar en  psicoterapia para expresar y expresarse a través del inconsciente, hacer énfasis en escuchar ese movimiento y sentirse EN movimiento  es un proceso que  vincula  la consciencia de estar vivos , la capacidad para responder en el mundo exterior, y a la vez reconocer y relacionarnos con esas fuerzas que, palpitando desde el interior,  tienen mucho para  decirnos.

La  imaginación activa a través de movimiento posibilita ir al encuentro de esa interioridad, permite la profundidad en la experiencia corporal acercando también  las forma del cuerpo físico con el cuerpo psíquico, con esa conformación de imágenes y emociones  alrededor de una identidad.

Lillian Bassman


Construir este puente poco tiene que ver  con arduos esfuerzos  físicos o con el aprendizaje de movimientos estereotipados, todo lo contrario, es más una atención y receptividad continua para ser testigos de la emergencia del movimiento y emprender una relación psicológica con el cuerpo, concebido no como una máquina, ni  un instrumento, sino como una topografía del alma.

Esta enorme dificultad de experimentar conscientemente el cuerpo físico y conectar el cuerpo psíquico se me hacía muy evidente cuando impartía clases de danza a mujeres interesadas en aprender una forma de baile.  Sus cuerpos muy desconectados de la sensación, narraban historias que su ego consciente no quería contar y en muchas otras ocasiones sin proponérnoslo, emergían emociones muy distintas a la alegría generalmente asociada a la danza; el cuerpo emocional pedía a gritos una forma de expresión,  un contenedor vital para tanta alma.

Así fue cambiando mi interés sobre el mundo de la danza paralelo a mi formación como psicóloga y mi propio proceso terapéutico; pasé de enseñar técnicas  y pasos de baile a Escuchar, Recibir y Atender los movimientos del alma.   Fui construyendo mi puente, suficientemente sólido para sostenerme frente al abismo del no saber del inconsciente y suficientemente amplio para recorrer a través de  diferentes ritmos los  movimientos de la existencia, con vitalidad  y paso a paso.

Son muchos los bailarines, terapeutas, coreógrafos, pioneros y maestros en el arte de curar a través del movimiento que han contribuido con sus vidas y obras a la creación de este puente que deviene en umbral y camino:  Isadora Duncan, Doris Humphry, Anna Halprin,  Jill Sonke Henderson, Rudolf Laban, Gabriell Roth, Mary Whitehouse, Joan Chodorow, Marion Woodman, Carolyn Grant Fay.  Con ellos he aprendido que en el corazón de la cultura está la danza, en el corazón de la danza está el movimiento, y en el corazón del movimiento está la vida.

Serie: De la primera posición al infinito. angelinaphoto


ÁNGELA P. RAMÍREZ C.

[1] "Función psíquica que surge de la tensión entre la consciencia y el inconsciente, y que mantiene su unión". Daryl Sharp. Lexicon Junguiano.

1 de febrero de 2018

¿Y QUIÉN ES LA LUNA?

Mujer que mira la Luna. Kasia Derwinska


Parece extraña la pregunta, pero es atinada en tanto nuestro satélite ha ejercido una enorme influencia sobre la tierra y la humanidad desde tiempos inmemoriales. Al plantearse la pregunta por el qué es, diríamos que es una roca; al plantearse la pregunta por el quién es, diríamos posiblemente, que es una diosa.

¿Es una roca?, ¿es una diosa?, ¿es un poema?, ¿es una forma de consciencia?. Todo eso y más, mucho más.  Debemos entonces citar a Aldous Huxley citando a Sócrates para abrirnos a tal multiplicidad:

"(…)Decir, con Sócrates, que la luna está hecha de sustancia divina, es estrictamente exacto. Porque no hay nada que impida que la luna sea una piedra y una divinidad".
(Aldous Huxley, meditation on the moon1931,The Oxford Book of Essays .Chosen and Edited by John Gross, 1991)





 angelinaphoto


¿Y quién es pues esa divinidad llamada luna y dónde se encuentra?.

La luna está en el cielo como satélite del planeta, orbita y afecta.  Está en la tierra en la agricultura, asociada a la medida de la fertilidad de mujeres y campos; una luna es un mes, una medida exacta para los ciclos de la tierra. Se encuentra su influjo en  las mareas y las aguas; en los ciclos fisiológicos de todos los organismos, animales y vegetales.

Sus ritmos y variaciones visibles para los humanos mucho más que otros cuerpos celestes, han conectado una noción de cambio y devenir en la mente y consciencia.  Está afuera, pero también está dentro de nuestros cuerpos.  Y siempre ha constituido un punto de referencia para la vida y la muerte, es decir, un tiempo psíquico y un espacio de proyección. Una atmósfera simbólica.



Girodet-El Sueño de Endymion 



Mama Quilla (Incas), Selene (Grecia), Chía (muiscas), Chandra (India), Maan Godin (África), entre otros nombres y mitos para la dama de la noche.  Ya sean sus representaciones  femeninas o masculinas, sus cualidades arquetípicas se han referido siempre a los aspectos más inquietantes y fluctuantes de la experiencia humana: las emociones, las transformaciones, la intuición, la magia, la muerte, los sueños, la inspiración, la locura, la mente inconsciente en general.

La luna como símbolo:

Roca, diosa, medida o poema, la luna es, ante todo, un gran símbolo.  Como símbolo es polivalente, reúne y contiene opuestos, es decir, no puede ser ni buena ni mala,  Es, y sobre todo, posee energía, numen, poder y efecto persistente en nuestra psique.

La riqueza del símbolo lunar es enorme y compleja, además siempre suele presentarse asociado a otros motivos y contenidos como animales lunares (rana, lechuza, serpiente), objetos (los cuernos, la plata, la sangre), y elementos de la naturaleza de la cual hace parte y cuyos ciclos gobierna.  Pero sin duda es símbolo por excelencia del poder femenino, del tiempo cíclico femenino en el que solemos estar inmersos y durante el cual, al mirar la luna, podemos recordar: la permanente renovación, la eternidad y la inmortalidad en el cambio.

Ángela P. Ramírez C.
2018






18 de enero de 2018

ENTRE DIOSES, BAILES Y OJOS...LA HISTORIA DE LA MIRADA

El año pasado tuve la oportunidad de asistir a una exposición del fotógrafo Mat Jacob sobre la insurrección zapatista en México.  Imágenes impactantes, precioso registro sobre las peripecias y lucha del grupo indigenista mexicano de la mano de uno de sus reconocidos líderes: el subcomandante Marcos, personaje misterioso, reconocido también por sus dotes y escritos literarios, como el de "los relatos del viejo Antonio" en donde me encontré con esta joya que les compartiré a propósito de la habilidad, ejercicio, posibilidad y necesidad de aprender a Mirar.

Mat Jacob
El viejo Antonio nos narra la historia de la Mirada desde el momento en que los grandes dioses no dejaron claro, "no dejaron dicho" que los ojos eran para mirar y los primeros hombres entonces no sabían mirar, hasta que entre baile y baile, juerga y juerga, tumbo en tumbo, chocaron hombres con hombres y hombres con dioses en caos indiferenciado hasta que se acabó la fiesta y fue necesario enseñar y aprender a mirar. 

Es un relato sencillo, profundo, con tiempo mítico y muy psicológico sobre la cualidad diferenciadora del mirar.  La reflexión sobre qué es mirar, cómo y a quién miro, qué se lleva mi mirada y de qué me hago responsable cuando me miro a mí mismo, da cuenta del ejercicio humano de la consciencia y la capacidad de valorar y respetar aquello que se mira. Lo otro, el otro.  Los primeros y grandes dioses en su perfecta inconsciencia no enseñaron a mirar sino hasta que los hombres irrumpieron en su fiesta.

Me pregunto si sí hemos aprendido a mirar, si nuestros ojos pueden abrirse a otras miradas y multiplicidades antes de chocar con lo no visto, no comprendido, no conocido.

 Acá les transcribo el texto que espero miren y gocen con buenos ojos:


"Mira Capitán, hubo un tiempo, hace mucho tiempo, en que nadie miraba…

No es que no tuvieran ojos los hombres y mujeres que se caminaban estas tierras. Tenían de por sí, pero no miraban. Los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí habían nacido muchas cosas sin dejar mero clarito para qué o por qué o sea la razón o el trabajo que cada cosa debía de hacer o de tratar de hacer. Porque de que cada cosa tenía su por qué, pues sí, porque los dioses que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí eran los más grandes y ellos sí se sabían bien para qué o por qué cada cosa, eran dioses pues.

Pero resulta que estos dioses primeros no muy se preocupaban de lo que hacían, todo lo hacían como fiesta, como juego, como baile. De por sí cuentan los más viejos de los viejos que, cuando los primeros dioses se reunían, seguro tenía que haber una su marimba, porque seguro que al final de sus asambleas se venían la cantadera y la bailadera. Es más, dicen que si la marimba no estaba a la mano, pues nomás no había asamblea y ahí se estaban los dioses, rascándose nomás la barriga, contando chistes y haciéndose travesuras.

Bueno, el caso es que los dioses primeros, los más grandes, nacieron el mundo, pero no dejaron claro el para qué o el porqué de cada cosa. Y una de estas cosas eran los ojos. ¿Acaso habían dejado dicho los dioses que los ojos eran para mirar? No pues. Y entonces ahí se andaban los primeros hombres y mujeres que acá se caminaron, a los tumbos, dándose golpes y caídas, chocándose entre ellos y agarrando cosas que no querían y dejando de tomar cosas que sí querían. Así como de por sí hace mucha gente ahora, que toma lo que no quiere y le hace daño, y deja de agarrar lo que necesita y la hace mejor, que anda tropezándose y chocando unos con otros.

Salvador Dalí
O sea que los hombres y mujeres primeros sí tenían unos sus ojos, sí pues, pero no miraban. Y muchos y muy variados eran los tipos de ojos que tenían los más primeros hombres y mujeres. Los había de todos los colores y de todos los tamaños, los había de diferentes formas. Había ojos redondos, rasgados, ovalados, chicos, grandes, medianos, negros, azules, amarillos, verdes, marrones, rojos y blancos. Sí, muchos ojos, dos en cada hombre y mujer primeros, pero nada que miraban.

Y así se hubiera seguido todo hasta nuestros días si no es porque una vez pasó algo. Resulta que estaban los dioses primeros, los que nacieron el mundo, los más grandes, haciendo una su bailadera porque agosto era, pues, mes de memoria y de mañana, cuando unos hombres y mujeres que no miraban se fueron a dar a donde estaban los dioses en su fiestadero y ahí nomás se chocaron con los dioses y unos fueron a dar contra la marimba y la tumbaron y entonces la fiesta se hizo puro borlote y se paró la música y se paró la cantadera y pues también la bailadera se detuvo y gran relajo se hizo y los dioses primeros de un lado a otro tratando de ver por qué se detuvo la fiesta y los hombres y mujeres que no miraban se seguían tropezando y chocando entre ellos y con los dioses. Y así se pasaron un buen rato, entre choques, caídas, mentadas y maldiciones.

Ya por fin al rato como que se dieron cuenta los dioses más grandes que todo el desbarajuste se había hecho cuando llegaron esos hombres y mujeres. Y entonces los juntaron y les hablaron y les preguntaron si acaso no miraban por dónde caminaban. Y entonces los hombres y mujeres más primeros no se miraron porque de por sí no miraban, pero preguntaron qué cosa es "mirar". Y entonces los dioses que nacieron el mundo se dieron cuenta de que no les habían dejado claro para qué servían los ojos, o sea cuál era su razón de ser, su por qué y su para qué de los ojos. Y ya les explicaron los dioses más grandes a los hombres y mujeres primeros qué cosa era mirar, y los enseñaron a mirar.

Así aprendieron estos hombres y mujeres que se puede mirar al otro, saber que es y que está y que es otro y así no chocar con él, ni pegarlo, ni pasarle encima, ni tropezarlo.

Supieron también que se puede mirar adentro del otro y ver lo que siente su corazón. Porque no siempre el corazón se habla con las palabras que nacen los labios. Muchas veces habla el corazón con la piel, con la mirada o con pasos se habla.

También aprendieron a mirar a quien mira mirándose, que son aquellos que se buscan a sí mismos en las miradas de otros.

Y supieron mirar a los otros que los miran mirar.

Y todas las miradas aprendieron los primeros hombres y mujeres. Y la más importante que aprendieron es la mirada que se mira a sí misma y se sabe y se conoce, la mirada que se mira a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no se han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse".  (Relatos del Viejo Antonio.  Subcomandante Marcos).



Ángela P. Ramírez C.
2018


27 de noviembre de 2017

PELÍCULA: LA HORA DEL LOBO



LA HORA DEL LOBO
Suecia, 1968
Título original: Vargtimmen
Guión y dirección: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Max Von Sydow, Liv Ullman, Gertrud Fridh, Georg Rydeberg.
Fotografía: Sven Nykvist.
Género:  Drama y Terror psicológico.

¿Quién no se ha pasado un buen tramo de alguna convulsa noche perseguido y asediado por imágenes fantasmagóricas y aterradoras?.

Los miedos más escondidos y los personajes más siniestros de la psique asaltan de tanto en tanto, y mucho más, en períodos de crisis existenciales o creativas.  Así es el terrible drama que nos presenta esta película: el pintor Johan Borg desaparece luego de pasar una temporada con su esposa Alma en una casa situada en una isla apartada, luego de ser abordados por unos personajes extraños que se diluyen constantemente entre la realidad y las alucinaciones del protagonista. 

El pintor, hombre perturbado e insomne es acechado por estos personajes, en principio admiradores de su obra y poco a poco devoradores del propio artista.  Estas escenificaciones son narradas a través del diario de Johan, leído por su esposa Alma. 



La película es bien exigente para el espectador dados los pliegues en el hilo argumentativo, pues se difumina el límite entre lo real y lo imaginado; acá se logra observar la gran influencia del expresionismo alemán en este tipo de obras, con el enorme acento puesto en la subjetividad y en esas otras realidades oníricas; valiéndose además de una estética contundente de blancos y negros.  Una fotografía magistral (Sven Nykvist) necesaria para componer y recrear atmósferas de soledades opresivas, escalofriantes y ambiguas, de una psique paranoica y en sufrimiento.

La luz y la sombra, la penumbra, los blancos saturados, el alto contraste, manifiestan todo el tiempo el territorio psicológico del personaje y el de su esposa Alma, quien se cuestiona, al igual que nosotros, si también es partícipe de esta pesadilla y en cuyos monólogos se va observando un telón de fondo asociado a los temas sobre la convivencia y el amor.

Estos retratos íntimos, álmicos, psicológicos, son logrados con unos excelentes primeros planos, la mirada y los silencios perfectamente interpretados por los actores, muy del estilo de Bergman.


La hora del lobo es esa hora de la noche en donde "si estás despierto tienes miedo y si estás dormido tienes pesadillas", es tan bien ese instante en donde se producen más nacimientos y más muertes.  Es la hora más oscura previa al alba y en esta película esa luz tenebrosa y tenue es exaltada con precisión, tanto desde el punto de vista formal y estético, como conceptual y simbólico.


Puedo comprender ahora un poco más el porqué se le llamaba a Bergman arquitecto de la luz.  Si se animan, se las recomiendo.

ÁNGELA P. RAMÍREZ C.