14 de febrero de 2008

MEMORIAS SEMINARIO TALLER: SEXUALIDAD FEMENINA: DIMENSIÓN SAGRADA

“Lo que necesita una mujer no es actuar o gobernar como mujer,
sino crecer como naturaleza, discernir como intelecto,
vivir libremente y sin impedimentos
para desplegar los poderes que se le han dado como alma”
(Margaret Fuller)


Introducción al mundo de la sexualidad femenina

El mundo de la mujer es y ha sido un mundo de constante cambio, tanto en el ámbito físico como anímico. En los tiempos actuales se le ha exigido estar acorde a los ritmos incesantes de una cultura que apenas hasta hace muy poco se ha venido sensibilizando a lo femenino. Es un reto pues para el alma de la mujer conectarse con sus propios ritmos vitales y las exigencias del entorno, sobre todo en lo referente a su sexualidad, entendida ésta como una dimensión inherente a la condición humana con un aspecto inconsciente y otro conciente que ofrece infinitas posibilidades de conexión con lo sagrado.

El alma de la mujer históricamente se ha concebido como un alma encarnada en un cuerpo percibido como fatalidad para ella (ligado a experiencias sexuales asociadas al dolor: embarazo, parto, abusos, menstruación dolorosa, menopausia...) e incomprensión para los otros. Hoy necesaria y afortunadamente se empieza a reconocer la vitalidad encarnada en ese cuerpo de ciclos y respuestas inesperadas. Cuerpo cercano a la tierra, a sus estaciones y cambios de mareas. Cuerpo enlunado, creciente, lleno, menguado, nuevo. Cuerpo húmedo y seco según sus aconteceres y tiempos.

El cuerpo mujer posee más vitalidad que fatalidad, quizá se reciente en el paso por la muerte en sus épocas rojas, pero esta muerte es seguida de la vida. No es destino fatal el cuerpo de la mujer (ni siquiera en el climaterio), es destino vital, que crea, recrea y ayuda a crear.

Los ritmos y los ciclos de la naturaleza son los guías de la mujer, el cuerpo su vehículo en expresión, y el alma su destino.

Hablar del mundo de la sexualidad femenina, es hablar de la experiencia sexual femenina, pues la mujer, así se dé cuenta o no, vive su sexualidad no solamente desde la genitalidad sino que involucra en esta experiencia toda su historia, el desarrollo de su cuerpo y su propia energía vital.

La sexualidad de una mujer no es sólo genitalidad, implica magia y creatividad.

La mujer posee una naturaleza sensorial innata que se pone de manifiesto en su experiencia sexual (bien sea a nivel individual o en pareja). Esta experiencia es siempre de orden inconsciente y conciente, particular, contextualizada en un tiempo determinado y así no siempre sea reconocido, está atravesada, ligada, emparentada y soportada por lo sagrado.

Ese aspecto sagrado de la sexualidad en las mujeres, que en la antigüedad era relevante (culto a la diosa, la mujer como iniciadora en los misterios de la vida...), en la modernidad se asoció con las ideas de pecado de la tradición judeo cristiana y se separó de la experiencia corporal; siglos de división entre espíritu y materia nos han dejado lejos de asumir la materia como algo sagrado.

Todos los aspectos de la vida tienen su dimensión sexual, creadora, transformadora. Todos los aspectos de la vida nos ofrecen la posibilidad de conectarnos con lo más íntimo y con lo más divino, es decir, con lo sagrado.

Rescatar la dimensión sagrada de la sexualidad femenina tiene que ver con: Reconocerse mujer humana, sexuada, de naturaleza sensible, conectada con lo arquetípico (lo originalmente primordial), lo que la hace iniciada e iniciadora. Acercarse al ámbito de lo divino, pero a través de uno de los aspectos más humanos: la sexualidad.

ANGELA P. RAMÍREZ
Marzo 2005