2 de febrero de 2008

Taller Eros y el Alma Femenina.


Sábado 9 de abril de 2005 en el umbral del medio día, bajo el cobijo de una casa amiga, cruzan la puerta mujeres invitadas a una reunión, a una danza con Eros y El Alma Femenina; algo atrevido y a la vez simple, encuentro con la vida y el amor para conectarse con su sabiduría natural.

Mujeres jóvenes, mujeres con miradas danzarinas, mujeres con historias en la piel, mujeres con el cuerpo desconcertado, mujeres.

Mujeres vestidas de nombres mágicos, almas reconocidas y valoradas, asoman sorprendidas al ser invocadas, acuden gustosas a la fiesta, se bañan en poemas para contarnos sus historias con el corazón latiendo, fluyendo ávido por las gargantas para hablar de sus mundos. Asistiendo también pues las jóvenes arrebatadas de hormonas, de movimientos agitados y lánguidos de miradas llenas de preguntas de ganas de “no se que”, de fuerzas ocultas a sus mentes, pero no a sus cuerpos, dispusieron pues sus seres recorridos por historias, las de sus madres, padres, ancestros, encaminadas por sus culturas a situarse de diferentes formas en su experiencia de mujer.

Jugamos con las niñas y les preparamos un lugar especial para su visita, abrimos las puertas una y otra vez, dejando que vinieran de nuevo las locas adolescentes enamoradas y desoladas para que nos recordaran bailes, poemas e historias pasadas. Tomamos el aire e invocamos a nuestra mujer transitada por el amor, el dolor, el placer, la experiencia. Y se sienta en mi corazón mi tiempo actual, ahí, una mujer con un tono mas rojo de madurez, una placidez de años cumplidos, de vidas vividas y entono ella su canción para contar lo que tenia que contar a aquellas maduros frutos que llevaban en su vientre las mujeres de esta reunión. Envolvieron la habitación con su presencia todas tomadas de las manos, las niñas, las jóvenes, las adultas para recibir la visita mas especial, de la cual hacían parte siendo las semilla viendo aparecer frente a si el fruto florecido en todo su esplendor, sentí de pronto el abrazo grande y cálido de la palabra sabia, no por pensada, no por verdad, sino por ser arrullo que reunía las montañas, mares, bosques y desiertos en su voz que iba unida a su mirada para adentro, a su mirada que era la tierra misma.

Nos llamamos y nos encontramos, nos pudimos ver, pudimos saber cosas, pudimos decir quienes éramos, fuimos escuchadas, rodeadas por el círculo protector.

Empezaron pues a danzar las historias en las paredes, y se hizo la magia, hablamos de nuestros cuerpos tocados por la sangre viva, por la sangre que encarna vida de bebes, de sueños, se apretaron los corazones, las gargantas se secaron, se recordaron otras épocas y se pensaron en otras por venir. Y de pronto envueltas en la espiral nuestros cuerpos poseídos por las ganas de Mujer, por las almas exaltadas, fuimos óvulos semillas, hadas de bosques, hechiceras que evocaban e invocaban que su cuerpo fuera vida y muerte animadora, que su femenina alma pudiera danzar en su cuerpo cada luna con alegría de la visita y pudiéramos así nadar en nuestra sangre, embadurnarnos, llenarnos de nuestro misterio y salir de nuevo al mundo con historias para contar a nuestras amigas, a nuestros compañeros de cuerpo a nuestros hijos, que la mirada tejida a las heridas hablara del amor que tienen en sus vientres.

Fuimos al bosque todas juntas para reconocer que somos naturaleza verde, agua azulada, aire de eucalipto, pino, jazmín, para abrazar lo temido de nuestra misteriosa presencia en la vida y pedirle que sea una expresión amiga, una guía luminosa, una canción protectora. Nos desgajamos, regamos, sembramos, caímos y la tierra se abrió bajo nuestro cuerpo rojo, nos abrazo, nos contó historias y nos devolvió por el camino de la firmeza, empujándonos a brotar a través de nosotras mismas, a pesar de nosotras mimas, recibiendo sin mesura nuestras preguntas, y dispuesta a esperar una y otra vez nuestro retorno.

Ah como danzamos, que me quedo el alma danzarina, ah como nos hablaron las historias que me quedo la palabra de cuento, como la piel se exaltó que hoy me llena mas el aire, me calienta mas el sol, me salta mas alto el corazón en una danza llena de tambores que me dice algo paso, algo pasa aún, algo seguirá pasando. Y continuo la vida igual pero distinta.

C. Natalia Hoyos O.