3 de marzo de 2008

MOVIMIENTOS VITALES

Los movimientos vitales son todos aquellos movimientos naturales y aprendidos que nuestro cuerpo requiere para una óptima circulación de la energía vital.
Todo aquello que tiene vida se mueve y si ese movimiento está acompañado de intención conciente, pues nutrirá y armonizará lo viviente. El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, y éste es tan importante como el respirar.
Muchas prácticas corporales como la yoga, el Chi kung, los ejercicios bioenergéticos y algunos tipos de danza, coinciden con la necesidad de soltar, relajar, flexibilizar, alongar, aflojar, zonas específicas del cuerpo que están ligadas a nuestras mitologías personales o a nuestras historias de vida. Además de los órganos físicos que son estimulados por ciertas posturas y movimientos, las emociones y contenidos inconscientes inscritos en nuestro cuerpo, son depurados permitiendo así más conciencia y vitalidad.
El cuello, los hombros y espalda, la quijada y la pelvis son territorios corporales muy afectados por las tensiones y cargas que mediante una labor de descongestión, mirada amorosa y por supuesto movimiento conciente, pueden transformarse en terrenos abiertos a experiencias más placenteras y completas. Por ejemplo, en mi trabajo con mujeres, he podido observar cómo el desbloqueo pélvico ayuda a incrementar los sentimientos y sensaciones de liberación; rompe “cinturones de castidad”, pone en jaque las exigencias sociales del “parecer”, aparentar (estereotipo femenino) y sobre todo permite que el flujo energético recorra armónicamente en expresión y aceptación de la sexualidad.
Es una tarea interesante emprender la búsqueda de esos movimientos vitales particulares. Observarse, preguntarse por las necesidades del cuerpo, y rastrear las emociones, son guías para hallar el movimiento preciso, en el momento justo que puede ser desde un gran bostezo hasta una ardua y vivificante clase de danza.
Vuelve, vuelve al movimiento… que tus ojos se apoyen en tu cuello al mirar al cielo. Que tus hombros no carguen pesares y tus pies se planten con fuerza abriendo confiada tu pelvis para recibir y dar vida.
ANGELA P. RAMIREZ