10 de marzo de 2011

EL CISNE NEGRO. REFLEXIONES SOBRE CÓMO INTEGRAR LA SOMBRA Y NO MORIR EN EL INTENTO.


“Sentía una hendidura en mi mente como si mi cerebro se hubiese dividido. Traté de unir las partes –arruga por arruga- pero no pude hacerlas encajar.”


Emily Dickinson










Estuve viendo la película “El Cisne Negro”, cuya protagonista, Natalie Portman fue galardonada con el Oscar a mejor actriz. Y no es para menos pues su magistral interpretación alcanza a comunicar la numinosidad del tema, a la vez que nos invita a la integración de la sombra como elemento arquetípico fundamental.

Natalie Portan ha sido niña-musa de Hollywood, es mujer en su plena adultez y ahora madre; tres aspectos esenciales de la psicología femenina con los que cualquier mujer se verá identificada. En el Cisne negro con una delicadeza espectral nos muestra además de esas facetas aceptadas y valoradas socialmente, la imperiosa necesidad en el proceso de afianzamiento de la identidad femenina, de integrar la sombra (la otra cara, el cisne negro, atravesar el miedo) y no morir en el intento.

La Sombra: Reconocimiento e integración

Para integrar la sombra necesitamos primero reconocerla, saber de su existencia, pues la sombra que no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. Percibirla es como mirarse en un espejo que muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y por lo tanto integrarla exige un enorme acto de amor propio para aceptar y aprender a relacionarnos con ese “cisne negro” que habita en nuestro interior.

La sombra suele personificarse en personas del mismo sexo, tanto en sueños como en los mitos y manifestaciones artísticas. Es el otro personificando cualidades que nos desagradan o nos molestan, que van aparentemente en contra de nuestro yo consciente.
La imagen del cisne blanco y negro, de las hermanas psíquicas, compone el cuadro completo para comprender el proceso de confrontación con la sombra en lo femenino. Desde la literatura y poesía, el cisne blanco, dice Bachelard, es una imagen de la mujer desnuda: la desnudez permitida, la blancura inmaculada y permitida; muy acorde con las cualidades aceptadas y reforzadas de lo femenino, pero lo femenino también es oscuridad, caos, voluptuosidad, desenfreno, cisne negro.

El arte y la canalización de los contenidos de la sombra.

La película es un acto estético para el observador sensible a la música y al ballet, al tiempo que muestra el constante movimiento del alma de una mujer entre su yo consciente y su yo negado. A través de sus prácticas artísticas la mujer puede rastrear, olfatear, jugar, explorar su mundo inconsciente y nutrirse de él, mucho más aún si esas expresiones artísticas tocan su cuerpo, pero corre también el riesgo de ceder al miedo y aplacar, ahuyentar, ignorar esos contenidos (incontrolables) y ser presa de un aspecto tirano interior que le exige la permanente y desdichada búsqueda de la perfección.

Existe un sabio dicho popular: “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Pues el alma humana, más que hacia la perfección, se mueve, busca por vías a veces naturales y otras incomprensibles, la completud, la totalidad, la integración.

En el alma, la luz y la sombra danzan a pesar de nosotros mismos en nuestro inconsciente. En el yo consciente la danza se puede volver lucha por acallar lo sombrío dando paso a la “adicción a la perfección”. El arte expresado en la danza, puede ser puente comunicador de estas dos realidades, ese es el fundamento de la danza terapia por ejemplo. Pero el arte de la danza incrustado e inscrito en la cultura de la exigencia que ignora la vida, puede ser mortaja para la creatividad y el alma de la mujer. Casi inevitablemente una mujer obsesionada por la perfección se verá a sí misma como una obra de arte, y su terror real es que esa obra de arte, pueda quedar en algún momento destruida.

La obsesión como danza macabra

¿Qué hay entonces detrás de esa búsqueda incesante por la perfección en las mujeres?

Si damos una mirada desde la psicología profunda tendremos que descender hacia parajes inconscientes para poder comprender como en la identidad de la mujer cobra un papel importantísimo la relación con la madre, y más que la madre biológica, las formas como vamos aprendiendo y refinando las cualidades maternas y femeninas desde las primeras experiencias. En la personalidad va cobrando vida una madre que puede ser excesivamente controladora (con el alimento, el vestido, las emociones, ser perfecta para otros, etc.) y va quedando en el fondo, sin voz la madre cuidadora que todas necesitaríamos permanentemente (comprensiva, flexible, conectada con las necesidades reales del cuerpo, con la plenitud.). Así se va instaurando un complejo de adicción a la perfección, cuando la personalidad se queda fija, en una danza macabra obsesionada con lo perfecto y se aleja cada vez más y más de la vida. Es allí cuando el alma grita y llama a la sombra para equilibrar, para descongelar la estatua que el ego consciente quiere continuar construyendo a costa de la energía vital de una mujer.

Y entre más reprimida la sombra, más aclamará la atención de la mujer, en los sueños, en los síntomas físicos, en rituales obsesivos, en exceso de trabajo, en ser para otros, en olvidar que tanto el cisne blanco como el cisne negro necesitan atención. No parar de trabajar, no parar de comer, no parar de operarse, no parar de entrenar, no parar de limpiar etc., son danzas macabras que nos llevan a padecer lo sombrío sin la posibilidad de rescatar lo vital.

Pasos de baile para mujeres con plumas negras y blancas

Un aleteo… y el patito feo se reconoce cisne. Un aleteo y el alma nombra su necesidad. Utilizo la figura del aleteo al sentir que muchas veces nuestra voz interior es así de sutil. Por ello es necesario agudizar el oído, el olfato, todos los sentidos que nos ayuden a identificar nuestras reales necesidades.

Pasar de una danza macabra a una danza extática (integrar la sombra sin morir en el intento) requiere entre muchas cosas recuperar el placer en todo el sentido de la palabra. Escuchar que nuestra madre interna nos autoriza a ser humanas con todo lo que ello conlleva.

Reconocer que la mejor practica de tolerancia y convivencia la hacemos con nosotros mismos y nuestras fuerzas inconscientes, como diría Jung: “vivir consigo mismo requiere una serie de virtudes que cada uno debe aplicar a la propia persona: paciencia, amor, esperanza y humildad”.

No tomarnos demasiado en serio todo, comprender que lo que más necesita nuestra niña interior es juego, que detrás del juego viene el placer, detrás del placer, la creatividad y en la creatividad la conjunción de los opuestos, no lo perfecto, sino lo valioso, la vida. Así nuestra danza es vuelo íntegro reconociendo todas las tonalidades de colores más allá del blanco y negro. Así, nuestros cisnes no sólo bailan con y para nosotras sino que nos apoyan en los pasos que aún no sabemos dar.

Ángela Ramírez.