23 de marzo de 2011

LA MUJER Y LA EXPERIENCIA DEL PLACER

Así como el corazón de una mujer guarda secretos insondables, la piel, el manto sensible que recubre su cuerpo y órgano del alma, deviene territorio indescifrable, pero con una enorme posibilidad abierta a la experiencia y a la ofrenda del placer.  Sin embargo esta bella y enorme posibilidad femenina, está cifrada en un conflicto que suelen vivir permanentemente las mujeres: la dinámica entre el dar y el recibir. Cuando este conflicto se hace pregunta, hay esperanza de sentido, es decir, la mujer puede construir su respuesta, su vivencia; encontrar un ritmo en esa polaridad, pero cuando permanece reclutado operando desde el inconsciente, es padecimiento, desensibilización, enfermedad y ausencia de placer. La ausencia del placer lleva a la sequedad, a la resignación y a caer más fácilmente en la búsqueda obsesiva de pseudoplaceres como el comer de más, comprar de más, trabajar de más, etc. Tales búsquedas frenéticas son intentos de recuperar, recordar la experiencia del placer sólo que desconectados de los reales anhelos, deseos y necesidades.


PASANDO DEL DESEO Y LA NEGACIÓN AL AUTO RECONOCIMIENTO Y AUTORIZACIÓN.

A las mujeres se nos enseña a pelear con los propios deseos desde muy temprana edad. Hay un gran vértigo y vacío entre lo que "quiero" y lo que "merezco", por lo tanto a veces una enorme incapacidad para reconocer lo que nos brinda placer y lo que no. Generalmente son los órganos de los sentidos, la piel y la intuición en perfecta danza con el sistema nervioso central, quienes nos informan de la experiencia del placer, pero ocurre que desde muy niñas nos alejamos del cuerpo pues éste fue asociado a lo desconocido, a lo sucio, o temido; y en el peor de los casos fue un cuerpo entregado a otros como territorio de abusos y violencia, quedando así excluidas y perdidas en un inmenso mar de sensaciones, pero sin ruta ni brújula guía. Un cúmulo de emociones encontradas, anhelo y rechazo, miedo y deseo, todas ellas recogidas en la palabra y vivencia esquiva del placer.

Esta ambivalencia se transforma en sufrimiento cuando durante el ciclo evolutivo también asociamos la experiencia del placer con una pérdida o con dolor, por ejemplo, la "perdida" de la virginidad; la primera menstruación, el parto, etc. Experiencias con carácter iniciático que tocan, afectan el cuerpo femenino dejando huellas mnémicas de dolor y sensaciones de placer negado. En la vivencia femenina es común entonces ver una mayor facilidad para afrontar las experiencias de dolor y gran dificultad y miedo para reconocer, nombrar y autoafirmar lo que genera placer. Es menester para el cuerpo-alma femenino rescatar la experiencia del placer diferenciándola del dolor y afirmándola como derecho.

En mi trabajo como psico terapeuta he observado como la labor de auto reconocimiento del deseo y el placer en una mujer exige primero un ejercicio arduo, honesto y valiente de auto conocimiento, sanación de la historia personal y despertar del cuerpo; y segundo, el aumento de la capacidad de acción (prácticas de auto cuidado, ejercicios concretos de sensibilización, listas de deseos, etc.) para que los sentimientos, los pensamientos, las palabras y las sensaciones cada vez más se encaminen hacia la propia satisfacción, sintiéndose y reconociéndose autorizada para identificar qué genera placer y sintiéndose y reconociéndose cada vez más autorizada para disfrutarlo.


PLACER, SEXUALIDAD, CREATIVIDAD.

El placer femenino, en un sentido pleno, tiene que ver con la fuerza creativa de la vida y con la forma de percibirse a sí misma y al mundo. Citando a Alexander Lowen pionero del análisis bio-energético: "El placer es la percepción de estar vivo aquí y ahora, lo cual significa estar plenamente vivo en sentido corporal." El placer ofrece la motivación y la energía para un enfoque creativo de la vida, y aquí es donde encontramos la tendencia de la mujer a esforzarse por ser creativa para otros y no para sí misma, es decir, la mayoría de las mujeres son expertas en dar placer, son expertas en relacionarse y en el amor, pero en lo referente al placer para alimentar la propia vida creativa o el placer asociado al propio cuerpo, hay todavía un gran trecho por recorrer. En materia de sexualidad por ejemplo, aún se observa en muchas mujeres la creencia que para ellas el sexo no consiste en desear activamente sino en ser deseadas, por lo tanto si sus cuerpos no se ajustan al estereotipo vigente dejan de ser mujeres sexuales, su energía creativa disminuye enormemente deviniendo enfermedad. Y peor aún, la creencia que la mujer sólo tiene derecho al placer si es bella, se lacera así su vida creativa desplazándola hacia la interminable e irreal conquista de la belleza.

Una ruta alternativa para re-conectar el placer en la sexualidad y alimentar la creatividad sería:
1. Identificar las creencias en relación a la percepción del propio ser, distinguir el deseo sexual del deseo de validación.

2. Decodificar estas creencias paciente y amorosamente, eligiendo nuevas formas para definir su propio deseo.

3. Explorar maneras concretas de vivir experiencias corporales satisfactorias. Realmente conocer el propio cuerpo, sus ritmos, ciclos y formas.

4. Ser honesta frente a la pregunta ¿qué quiero? Afrontando el miedo a no saber.

5. Autorizarse en cada momento y situación a sentirse merecedora del placer.

6. Perseverar en los proyectos creativos disfrutando tanto del proceso como del resultado.

7. Abrir un amplio tiempo y espacio en su cotidianidad para las manifestaciones artísticas de cualquier tipo.

8. Confiar.

DE OBJETO DE DESEO A SUJETO DE DERECHO

Reivindicar el placer como derecho es deber de la mujer responsable de sí. Escuchar la propia voz más allá de las voces del miedo. Hacer uso de la función de la intuición para hallar sus propios anhelos, nombrar, decretar, mantralizar, ritualizar, mentalizar, "tengo derecho al placer”, en lo referente a la comida, el amor, la sexualidad, el trabajo, la familia, lo social; significa informar a todo su organismo desde el ámbito incluso celular, del gran cambio de paradigma que está dispuesta a realizar en honor a su propia vida y la de sus ancestros. Permanecer alerta a las manipulaciones mediáticas que la definen objeto y jugar a explorar nuevas formas de satisfacción más allá de las ofrecidas en la actual sociedad de consumo. Decidir. Aprender el bello arte de la relajación (en cuerpo y alma) para que todas sus experiencias sean más plenas y aumenten día a día.

La experiencia del placer en una mujer será más amplia, duradera y natural en la medida que acepte que desde los huesos hasta la piel, pasando por el flujo vital de su sangre, está llena de vida, que es portadora de vida, dadora de vida, y por lo tanto la mayor merecedora de experimentar el placer de estar viva.

ANGELA P. RAMÍREZ




ANGELA P. RAMÍREZ