15 de febrero de 2012

BAILARINA DE COLORES

Hay muchas maneras de bailar… y cuando el cuerpo físico no responde, algo más allá,  quizá el alma, es quien hace su danza para con sus movimientos atravesar el dolor, enfrentar  el miedo y crearse un espacio en el mundo.
Esta es una historia de esas maravillosas que son contadas por quienes la viven, no por bocas de otros o por interpretaciones, sino una historia que tiene su propia voz y que elige compartirla.
Una mujer que con una enorme capacidad reflexiva  y mucho amor en su corazón decide encarar un diagnóstico tan complejo como el parkinson juvenil y apostarle a la vida y al arte, pues en la pintura colorea su día a día y se mueve entre trazos y colores como la bailarina del alma que es.
Estos han sido sus pasos de baile, sus pinturas y sus hallazgos en la experiencia:
ENFERMEDAD, AMOR Y CONCIENCIA
"Me he concientizado que tengo que asumir la conducción de mi vida con más optimismo, tanta depresión me está llevando a más sufrimiento.
Aceptar la enfermedad, no combatirla, es la DECISIÓN.
Me levanto en las mañanas sin movimiento, la rigidez domina los músculos de mi cuerpo, tomo mi medicamento de rutina, espero unos minutos y recupero mi capacidad motriz.
Pero otras veces ocurre que no hay efecto y es cuando me invade el pánico y la ansiedad….me desespero… ¿Por qué esto me pasa a mí?.. Un reproche a Dios por mi incapacidad de aceptar la enfermedad o por castigarme sin merecerlo….
Un castigo?..Ahora sé que no viene de Dios. Yo lo he convertido en un castigo al tomar el aislamiento como escudo y a la rabia como arma de defensa, porque quien con su voz de aliento me invitara a enfrentar la realidad, se convertía en mi enemigo y su intención en ofensa…
Como si mi dolor fuera el único, exigía comprensión y tolerancia…y terminé compadeciéndome. Sin consideración por mi esposo y mi familia me convertí en un ser negativo y pesimista y a él en mi lazarillo.
Y del dolor de Aquel que murió en la cruz, sin consideraciones…soportando por amor y con misericordia, hasta yo misma lo olvidé. Nada era superior a mi dolor, ni a mi desgracia, ni a mi cruz. ¿Por qué?..¿Por qué?.
Mientras Aquel entregaba su vida por un propósito, yo no encontraba propósito para la mía.
“Si observaseis con serenidad los inviernos de vuestro dolor, gran parte de vuestro dolor es escogida por vosotros mismos”, decía Jalil Gilbran.
Me sentía cuestionada, criticada y la gente me incomodaba….porque yo creía que ellos no me entendían
El tiempo pasaba y yo me escondía en múltiples tareas…mi esposo paciente…a veces era mi más duro crítico, otras veces por mi flaqueza, el Cirineo de mi cruz, pero siempre la víctima de mi rabia.
Atropellando su amor, me acomodé en esa situación, casi olvidándome de él y de nuestra relación; ignorando que estaba conmigo por amor...
No aceptaba comentarios ni opiniones, mi susceptibilidad superaba la enfermedad y solo ahora yo puedo comprender que en mi enfermedad no estaba el problema. YO ERA EL PROBLEMA. 
Empecé a mirar alrededor, vi mis amigos y familiares con dificultades económicas, enfermos, desempleados, todos ellos buscando superarlas, con el esfuerzo de cada día y sin perder la alegría, ACEPTANDO LA ADVERSIDAD como el primer paso hacia la superación.
Con esta lección de vida volví mi corazón a ESE que por salvar a otros derramó toda su sangre en una Cruz y comprendí que todo dolor, todo sufrimiento, toda adversidad tiene un para qué?...nunca un por qué?
Hoy de mi enfermedad he aprendido:
A Tener humildad y consideración con mi esposo y familia. Ellos no tienen obligación de cargar mi cruz, ni de soportar mi rabia.
Amarme a mí misma, cuidarme y poner todo de mi parte para mantener mi calidad de vida y mi total autonomía.
A no ser egoísta ya no pretender que otros sean responsables por mí.
Tener fortaleza y apartar de mi espíritu, sentimientos negativos.
Perdonarme a mí misma.
Vivir el presente con optimismo y ser agradecida.
Tardé mucho tiempo en comprender que con el diagnóstico, mi vida había cambiado, pero no se había acabado y aunque tengo episodios de baja, gracias a la bondad de Dios y al incondicional amor de mi esposo, yo estoy trabajando para superarlos por mí misma, no puedo hacerlos responsables por lo que yo no haga por mi”
Sigo en ese proceso de aceptación… para vivir mejor.


Marta Cecilia R.