19 de mayo de 2013

El REIKI, HACIENDO DEL CUERPO UN PUENTE AL ALMA.

Para quienes dan y reciben reiki, para quienes deseen conocer más sobre el enorme poder benéfico de la energía vital en nuestras manos.  Este artículo nos expone, con un  sentido claro y profundo, este valioso sistema de sanación.
El REIKI, HACIENDO DEL CUERPO UN PUENTE AL ALMA
Entender la vida como la manifestación material de un amor insondable es algo que suele escapar a la razón. A menudo estamos desconectados o mejor, conectados con una rutina lo bastante humana como para entrar en olvidos, olvidamos descansar, respirar, mirar a los ojos, volver a respirar para hablar, olvidamos en el trabajo lo que significa una labor y a menudo también olvidamos incluso el amor mientras amamos.
¿Qué es el REIKI?
De muchas maneras hemos borrado el recuerdo del silencio, hemos eliminado la nitidez de las imágenes que vienen desde adentro en medio de un sueño lúcido, de una meditación o de la contemplación de la naturaleza.
Hoy se me ocurre que el REIKI recibe ese nombre no sólo por unir esos dos vocablos japoneses REI: energía universal y  KI: energía vital, sino también porque el REIKI aviva el REcuerdo de lo que en esencia somos y de lo que KIere la vida misma SER a través de nosotros (SER sin mayores pretensiones, mucho menos ortográficas).
Encontramos entonces que REIKI es recobrar la memoria acerca de  un sistema de sanación tan antiguo como la misma humanidad, una humanidad más antigua que cualquier historiografía posible, pues hay una escritura, un relato de la historia que no emplea papel, hay imágenes grabadas en nuestras células, en el registro de una genética encriptada y mágica que apenas nos aproximamos a descubrir.
Nuestras manos expresan de forma holográfica la totalidad, cada uno de nuestros dedos es resonante con un elemento de la naturaleza, agua (meñique), tierra (anular), eter – espíritu (corazón), aire (índice), fuego (pulgar), nuestras manos como flores desplegadas de las ramas de un árbol llamado corazón, son recipiente y fuente a la vez de la totalidad que nos habita, son por lo tanto un instrumento de sanación invaluable al servicio individual y colectivo.
El acto reflejo de tocarnos tan pronto sentimos una parte de nuestro cuerpo adolorida, así como la caricia cálida de la madre ante el dolor de su hijo, resultan señales inequívocas de un gesto aliviante por naturaleza, el gesto de entrar en con-tacto con nosotros mismos o con el otro. Nuestras manos son por lo tanto, portales de acción infinita asociados a múltiples sistemas de sanación, y es el REIKI quizá uno de los más sencillos y profundos que existe.
Unidos por una misma fuente de energía.
 A través de nuestras manos fluye un torrente de luz y energía que corresponde al flujo vital que sustenta el universo, presente en toda criatura viviente. Ese flujo de energía vital ha sido nombrado de diversas maneras por el ser humano: KI para los japoneses, PRANA para los hindúes,  CHI para los chinos, BARAKA para las comunidades islámicas, NIGA para nuestros Tule – Kuna, lo que señala en definitiva, que independiente de la cultura y su cosmogonía, la humanidad ha identificado siempre una fuerza universal que late en toda criatura.
A finales del siglo XIX el sacerdote y médico japonés Mikao Usui inició un camino por la recuperación de una práctica tan antigua como la misma humanidad, el conocimiento ancestral de sanar con las manos al que llamaría REIKI, cuyo nombre indica el puente que tiende el amor entre la energía universal y la energía vital de cada ser con un propósito curativo.
Recibir una sesión de Reiki es disponer el cuerpo físico y su aspecto energético a un proceso de conexión directa con la fuente suprema de energía, lo que reverbera a nivel celular, en tejidos, órganos y sistemas, movilizando en el plano emocional, mental y espiritual aquellos aspectos de la persona en los que reside la causa-motor de la  enfermedad o de cualquier trastorno a nivel de las relaciones humanas, a nivel afectivo, laboral o familiar.
La iniciación en Reiki ¿Qué es y cuáles son sus beneficios?
Tras el proceso de iniciación el Ser experimenta un contacto más diáfano y directo con sus guías espirituales, ángeles y maestros de luz, y en especial, con el maestro interno, ese Ser superior que posee la información divina que cada uno requiere en cada momento de su existencia.
Por esto llamamos a la iniciación en REIKI un proceso de SINTONIZACIÓN, pues es la posibilidad de entrar en sintonía con el canto divino que aviva nuestra existencia y las coordenadas de acción y creación presentes en nuestras células. Es por tanto una herramienta para equilibrar nuestra bioenergía en medio del ritmo acelerado de la vida moderna, una posibilidad de avivar nuestra intuición y conexión con los seres de luz que nos asisten, una vía directa para sanar el corazón, y expandir el poder sanador del amor a todos los niveles de nuestra vida.
Por:
Ana Lucia Acosta Bedoya
Maestra Reiki