14 de septiembre de 2013

CUESTIONAMIENTOS SOBRE EL EVENTO SOSPECHOSO DE IR AL PSICÓLOGO


Psique
Recientemente  estuve tramitando la renovación de la licencia de conducción, diligencia que visibiliza una neurosis colectiva de hacer algo "como si fuera muy importante" ,"como si se cumpliera" con toda  una normatividad y que luego se evidencia absolutamente  lo contrario en el caos de la movilidad en nuestras calles.  Pero éstos no son los interrogantes en los que me quiero detener.

Ocurrió entonces que al terminar de llenar el cuestionario de evaluación de la personalidad y al responder honestamente con un SÍ a la pregunta: ¿Alguna vez a tenido que ir, o va al psicólogo?, la encargada (psicóloga) de la evaluación mental y psico-motora, se me acerca con timidez y al ver en el formulario tal afirmación, me pregunta:  ¿Usted todavía está en terapia?.
La miro a los ojos.  Ella me mira incomoda y un poco "cómplice" y me dice que no me preocupe, que ella también es psicóloga y que entiende.
Yo le contesto que sí, que por muchas más razones además de ejercer  tal profesión, sigo yendo al psicólogo.

Al devolverme el formulario leo en observaciones la aclaración de que voy al psicólogo como proceso personal.

Debo mencionar que en ese momento me inundaron una serie de cuestionamientos  que hoy me permito compartir:

¿Es sospechoso ir al psicólogo?
¿Es un criterio de peligro?
¿Son más peligrosas como conductores en las calles, las personas que alguna vez han acudido a un psicólogo que las que nunca lo han hecho?.

Increíblemente sigue vigente el estigma y la creencia general que acudir al psicólogo es un último recurso y un sinónimo literal de enfermedad mental o posible enfermedad mental.  Y peor aún, los cientos de personas que realizan tal trámite y llenan malhumorados el mismo formulario y responden NO a la pregunta, entienden, captan el mensaje que no es "bueno" ir al psicólogo, y que sí lo hacen, mejor de eso ni hable.

Así que siguen las preguntas:
¿Quiénes son los reales candidatos a ir al psicólogo en nuestra cultura?

¿Las personas que sufren?  Tendríamos que ir todos.
¿Aquellos con algún problema de comportamiento?  Tendríamos que ir todos.
¿Aquellos pertenecientes a una elite que tienen con qué pagar? No podría ir casi nadie.
¿Aquellos cuyos actos afectan a un grupo social, los antisociales?  éstos casi nunca van al psicólogo.
¿Aquellos remitidos por el médico porque los exámenes dicen que todo salió bien, pero el dolor persiste? Éstos generalmente buscan otro médico.

Sonrío y sin ánimo de molestar simplemente reflexiono sobre el quehacer de la psicología y sobre todo de la psicoterapia, aún enredada en los modelos médicos y desarticulada en variedad de prácticas y estilos de intervención. 

La pregunta sobre quién va al psicólogo redunda en la de  quién es un psicólogo.   Pienso qué más allá de ser un sujeto que sabe de síntomas y sufrimientos humanos también podría ser un sujeto que se permite saber de sí, para poder acompañar a otros, si bien en el sufrimiento, también en las búsquedas de saber de sí.  Esto por supuesto, desde el punto de vista de la psicoterapia. 

Entonces, creo necesaria la invitación a romper los prejuicios, a buscar información cuando no haya claridad, a permitirse la experiencia de decidir y reflexionar, por más vértigo que nos produzca. 

No todos tenemos que ir al psicólogo.  Esta profesión no es una panacea.  Pero tampoco  es necesario la condena y el estigma frente a quienes nos permitimos sin estar enfermos o ser peligrosos hacernos preguntas, buscar sentido, escuchar en un espacio propicio, aquello que muchas veces el ruido del mundo nos impide oír.


Hay una queja diaria y continua de la "gente" (y por más que nos duela, todos somos "gente") sobre la violencia e intolerancia vial, ¿qué tan sospechoso y peligroso podría ser asumir y conocer nuestros propios demonios en el espacio de una consulta psicológica, en lugar de ofrecérselos generosamente al vecino en el campo de batalla del tráfico vehicular?

ÁNGELA RAMÍREZ C.