29 de abril de 2016

DÍA INTERNACIONAL DE LA DANZA

Hoy amanecí pensando en el día internacional de la danza.


Un día para agradecerle a la vida el regalo de  poder acercarme al mundo de la danza. Y un día para recordar que las aptitudes son dones del cuerpo que se pueden desarrollar, reconocer, hacer alma; que nos humanizan y que al mismo tiempo también nos acercan a ámbitos de consciencia más ampliados.

En el don, el regalo,
En el regalo, el servicio,
En el servicio, el aprendizaje y en éste de nuevo el regalo del destino consciente.  Y así, de esta manera he vivido mi danza. 

Como descubrimiento del cuerpo femenino, he bailado mis edades, he aprendido a ser humilde con mis ritmos y celebrarlos todos.

Como disciplina artística he aprendido técnicas y figuras, formas y posturas, pasos y movimientos de diferentes danzas:  la estructura del ballet, la fuerza de las danzas africanas, las raíces de nuestro folclor, las cadencias de oriente, la paz de las danzas sufis.  Bailando viajo.

Como oficio, he enseñado a bailar, y de paso, en paso, me descubrí enseñando también a sentir lo bailado, a moverse con más consciencia y gracia. Bailando he recibido recursos para seguir bailando.

Como arte, me he encontrado con la belleza del cuerpo y su perfección. Y en el arte del movimiento, la metáfora de la vida. Bailando catalizo y simbolizo procesos.

En terapia, he acompañado a  muchas personas en la valentía de conocer y expresar sus propios movimientos, en escuchar sus ritmos y en hacer de la imagen psíquica un movimiento que conecte cuerpo y alma, que cure dolores y alegre la existencia.

Como experiencia íntima, he bailado para saber, para ser, para orar y cantarle con mi cuerpo a la gracia, a la naturaleza, al Amor.  Bailando honro a los antepasados, despido a los muertos y me comunico más profundamente con los vivos.

No he recibido muchos aplausos, he sido bailarina invisible, por eso al bailar puedo tocar y mover  lo que no se ve.  Ese ha sido mi estilo, bailarina de presagios y silencios.  Pero hoy sí quiero aplaudir a quienes fueron mis maestros, alumnos, pacientes, compañeros.  Aplaudo al que se atreve a bailar en la calle, en el escenario, en solitario y en compañía, aplaudo al que baila sus angustias, dolores y alegrías.
Aplaudo al órgano de la vida que nunca cesa su danza: el corazón (físico y simbólico)  cuyo baile constante nos garantiza la presencia y estancia en esta tierra.

Hoy bailo entonces para que la danza con corazón pueda seguir siendo ese lugar en donde la experiencia de ser humanos se impregne de sentido, belleza y vitalidad.





ÁNGELA P. RAMÍREZ C.