13 de noviembre de 2016

LA LUNA Y LOS SUEÑOS EN PSICOTERAPIA. LA LUZ DEL INCONSCIENTE

Agua de Luna.  Ángela P. 
Imagino un delicado haz de luz ingresando a través de una ventana.  Iluminando, tocando suavemente las pieles de dos almas en un encuentro especial, llamado terapéutico.  Un encuentro en el cual las dos almas se convierten en cuatro aspectos en relación:  dos aspectos conscientes o egos y dos contrapartes de profundidad inconsciente, muy desconocida, pero también en relación.  Y en este cuadro tipo Rembrandt, ¿cómo no imaginar a la luna dadora de ese rayo sutil que resalta las más interesantes formas y siluetas y pone a prueba la creatividad en ese juego complejo de luces  y sombras?

La luna con su amplitud simbólica me trae esta imagen de claro-oscuro familiar a los contenidos del inconsciente y a la presentación de esos contenidos en el espacio de la psicoterapia, en donde la luz de la consciencia no siempre se muestra como un nítido rayo de sol fulgurante (quizá fuese peligroso y poco duradero) sino como un halo de luz difusa y continua que va dejando ver... y revela esas formas y propósitos de un material tan esquivo y tan preciado en la vida psíquica como los sueños.

En la luz de la luna se encuentra la luz del sol, pero en su condición femenina, tenue. Suficiente y necesaria para la visión de lo  incomprensible de los sueños; además para tolerar la ambigüedad del cambio, la mutación de la personalidad, que se transforma tras el toque con la fuerza del sí mismo como centro y motor de la psique durante un proceso terapéutico y que se va observando en el mundo onírico. El tiempo y ritmo lunar acompaña la revelación de muchos sueños.

Los mensajes que traen los sueños son poco claros para la consciencia racional, apolínea y masculina, por eso en mi psicoterapia una actitud de luna creciente va acunando esos extraños cuentos nocturnos y, poco a poco, va llenándose de luz e iluminando suavemente la narración, la emergencia del símbolo y las asociaciones hasta llegar a la plenitud de algún nuevo aspecto de la personalidad a integrar y  a poner en acción en la vida cotidiana del soñante.  Tal actitud terapéutica podría definirse como femenina, receptiva, alquímica y transformadora, una actitud lunar. 

Pequeño soplo de Luna.  Ángela P.

En contenido y forma la luna está presente en los sueños, como símbolo de lo femenino inconsciente, con sus múltiples asociaciones a la fertilidad, lo cíclico, la vida instintiva, etc.,  y es como la luz que nos llega de ese oculto y creativo mundo. Los sueños más escabrosos contienen su dote de información para la vida si se les ubica a la luz de una buena consciencia, una consciencia que esté abierta y acepte lo desconocido.

Marie Louise von Franz analista Junguiana con una amplísima experiencia en interpretación de sueños lo escribía así:

"Todos nuestros sueños son críticos al principio; el inconsciente está lleno de impulsos y de factores de disociación, factores destructivos, y después si penetramos más vemos algo muy claro y lleno de sentido.  La iluminación puede provenir de ese lugar oscuro, es decir, si dirigimos sobre él el rayo de la consciencia, si lo calentamos con nuestra atención consciente, entonces de ello sale algo blanco, y eso sería la luna, la iluminación que proviene del inconsciente". (Alquimia.  Marie Louise von Franz.  Introducción al simbolismo.  Luciernaga 1991)

Es pues la luna generadora de sueños y perla brillante de los mismos.  Del inconsciente viene y al inconsciente  alumbra.  No nos "salva"  de lo desconocido, nos lo recuerda, nos lo presenta.  Es  guía en la entrada noche y regalo esperado del día.

Feliz luna llena de sueños y secretos  este noviembre.

Ángela P. Ramírez C.