12 de enero de 2017

LUNA LLENA ENERO 2017

Tomasz Alan K.

No se preocupen si se sienten aturdidos, o muy exaltados y con dificultad  para conciliar el sueño; o por el contrario, adormecidos, pesados y lerdos.  Si aquello que estaba inflamado se inflama más (físico y psíquico), si la intensidad de los pensamientos no permite focalización.  Si la irritabilidad hace su aparición o si nos pescamos suspirando sin saber exactamente por qué. No se preocupen, no nos preocupemos.  Estamos en la primera e intensa luna llena del año.  Mejor, tomemos la oportunidad para calibrar y reconocer de qué forma vivenciamos la plenitud de la luna y sus cambios durante su danza en el cielo.

Hace un par de meses escribí sobre la luz de la luna como metáfora idónea para el acercamiento a los contenidos del inconsciente, y específicamente, para la escucha y comprensión de los sueños.

Hoy quiero referirme a la luna y sus efectos emocionales.  Así como los sueños, las emociones surgen del inconsciente y la luna llena, las agita cada mes.  Emergen de las aguas del inconsciente y si no las reconocemos o recibimos con atención, su manifestación puede ser más inconsciente aún generando malestares incluso físicos.  Por eso, de igual forma que con los sueños, la luna nos ilumina y mueve aquello emocional que necesitamos ver y aquellos contenidos con los que necesitamos relacionarnos.

Si nos imaginamos la luna como un gran amplificador podemos entender que aquello con lo que estemos identificados consciente o inconscientemente se intensifica, resalta, se acentúa, crece y se nota sí o sí, a pesar de los deseos conscientes del ego de llevar el control o tener todo "claro".  Enojo, alegría, miedo, tristeza, disgusto, aceptación, sorpresa, curiosidad, desilusión, optimismo, venganza, orgullo, culpa, satisfacción.  Todas, tanto las emociones primarias, como otras más complejas y decoradas con sentimientos; todas pueden hacer su aparición con luces de neón o reteñidas de forma caótica.  Por esto, semejante a como cuando nos sentamos a observar el mar, podemos sentarnos a observar nuestras propias mareas emocionales y comprender un poco más los patrones que usamos o repetimos para lidiar con ellas.

Flotamos, o nadamos contra corriente, represamos y reprimimos o estallamos en tsunami, fluimos o sólo contemplamos el vaivén desde afuera.  Sea como sea, observar un patrón emocional es el primer paso para transformarlo o aceptar que cada tanto una emoción intensa nos lleva a donde necesitamos ir con gusto o disgusto; es motor inconsciente, pero también puede ser brújula en el navegar por nuestras experiencias.


Feliz luna llena!
Ángela P. Ramírez C.