MUERTE/VIDA

Christ in the Sepulchre, Guarded by Angels. W. Blake



Muerte, tránsito, camino desconocido, ruta del alma. Fiel compañera en vida, susurro permanente de lo impermanente. Muerte cambio.

Entiendo la muerte como profunda y continua transformación de formas, contenidos y procesos.

Psicológicamente hablando, son constantes los procesos de muerte: morimos cuando se terminan ciclos, cuando perdemos algo amado, cuando trascendemos etapas en el desarrollo, cuando decimos adiós, cuando afrontamos y aceptamos un cambio.

Es pues la muerte un continuo en la vida, es pues la vida un ir muriendo, como decía Borges: "La muerte es una vida vivida, la vida es una muerte que viene".

Y cuando llega el evento de la muerte física, nos encontramos con lo implacable, con la transfiguración de la materia, con la vulnerabilidad y finitud del cuerpo.

Considero muy valioso aprender y ejercer el arte de decir adiós, el arte de morir conscientemente, el arte de avivar la muerte, tanto en los procesos de duelo por pérdidas y cambios, como también en el tránsito final del desprendimiento, en el viaje último hacia lo desconocido.

Como el buen amar, el buen morir es humano, valioso y necesario cuando en general, se tiende a banalizar la muerte y a no honrar su misterio. Quizá ese misterio radique en su inexistencia como fatalidad y en su constante presencia como otras formas de vida, como continua transformación.

"No te acerques a mi tumba sollozando.

No estoy allí.  No duermo ahí.

Soy como mil vientos soplando.

Como un diamante en la nieve, brillando.

Soy la luz del sol sobre el grano dorado.

Soy la lluvia gentil del otoño esperado.

Cuando despiertas en la tranquila mañana, soy la bandada de pájaros que trina.

Soy también las estrellas que titilan, mientras cae la noche en tu ventana.

Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando,

No estoy allí. Yo no morí".

(Poema nativo americano)


ÁNGELA P. RAMÍREZ C.